Siempre supiste que yo no era lo que debía.
Siempre fui lo que esperabas, o tal vez no.
Siempre te pedí que no te fueras...
Siempre te pienso, al despertar, te miro en la sopa, en el silencio de la tarde y en el fondo de mi almohada antes de soñar.
Siempre al correr, corro como si fuera a tu casa, como si me esperaras…
Siempre te espero.
Siempre te canto.
Siempre evito vivir sin ti.
Alitas
Un día te me fuiste muy lejos y no te pude alcanzar.
Entonces me conseguí una bicicleta para volar hasta tu puerta.
Pedaleando no llegué a ningún lado, porque descubrí que mis alas estaban rotas.
Las llevé a arreglar, pero nadie pudo zurcir esas heridas.
Y en la tormenta me quedé, esperando tu regreso.
Pero si tú no vienes y me coses las alas, me obligarás a quedarme aquí, oxidándome bajo la lluvia.
El otro día corrí bajo la lluvia por ti.
Corrí bajo la lluvia y cerré los ojos para imaginarme que iba hasta tu casa.
Atravesé las calles, saltando sobre los charcos que me regalaban su humedad sobre la cara.
Llegué a pensar que era un diluvio, pero yo sólo quería estar contigo; ¡Qué me importaba ya el fin del mundo, si lo iba a vivir agarrada de tu mano!
Corrí como nunca en mi vida. Ni los perros que me miraban desde los techos, ni la infame señora que se burló desde su ventana por mis greñas escurridas, nada me importaba, sólo quería llegar a ti.
Al final desperté en mi cama, con un catarro que sólo me sirvió para chillar en silencio por tu amor.
Qué difícil es correr sin ti.
Para no sentir un hueco en la cama al dormir
Para tener quien me haga sudar las manos
Para tener a quien besar en la mañana al despertar y en la noche antes de soñar
Para llenar el vacío de los abrazos imaginados en tu ausencia
Para embarrar mis lágrimas en tus hombros
Para recorrer tu corazón todas las noches y asegurarme que el amor no se ha ido todavía
Para tener quien me provoque las mentadas mariposas, ¡las malditas mariposas!
Para eso te quiero. Ya regresa, porque es muy difícil correr sin ti.