jueves, 21 de marzo de 2013

Auf Wiedersehen. Minificción



El golpe empezó a punzar haciendo antesala a un enorme chichón en la cabeza. Fue tan fuerte el encuentro con aquella repisa sostenida en la pared que enseguida le sobrevino el sueño, pesado y abrumador, sobre la almohada.

Su cara estaba cerrada, pero un ruido extraño tocó a la puerta. Extraño y efervescente, parecía venir del cráter de un volcán, con todo y ardientes burbujas de lava caliente saliendo por el hemisferio cerebral derecho a toda ve-lo-ci-dad.

Abrió los ojos y de un brinco se puso como un perro persiguiendo su cola, intentaba llegar a la fuente del sonido, pero sólo giró varias veces en círculos idiotas hasta que logró azotar contra el piso.

Con todo y el sentón el ruido seguía ahí, entonces se llevó las manos a la cabeza y encontró un agujero rojo y pegajoso, caliente como el mismo centro de la tierra, del que emanaban chispas, lucecitas doradas como en explosión eléctrica.

Sonaron unas alegres trompetas desde el fondo del agujero y salieron rebotando dos diminutos caballos blancos amarrados a una carreta, seguidos de una corte de enanos muy bien vestidos con botitas de colores y cuellos almidonados. Se le resbalaron por el hombro y llegaron hasta el suelo, de la carretita salió una enana gorda, vestida de color esmeralda y con zapatillas doradas; miró a los ojos a la chica y le sacó la lengua. Luego la comitiva dio vuelta en la puerta del cuarto y desapareció.

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