jueves, 25 de agosto de 2011

No es "gayses", es amor o De mi pesadilla feliz

 Después de algunos días de andar vagando por Argentina, por fin me surgió inspiración para escribir algunas cosillas, resultado de horas de discusión filosófica interior, o tal vez sólo resultado de todas las clases en las que no puse atención.
En fin, parece ser que en los ultimos días el recuerdo de los amores pasados se me ha tornado más vivo y a la vez más lejano, como una pesadilla feliz que me invade por las noches. Es la cosa de estar tan lejos, uno se pone loco y le da por extrañar, gana el romanticismo, la distancia y el tiempo, mandar cartas y confesar los amores más inconfesables del mundo, "El espejo no miente, me veo tan diferente, me haces falta tú".
Entre el fenómeno de la nostalgia y los largos viajes en autobus tuve tiempo de pensar en esas cosas que sólo se pregunta el que no tiene nada por hacer y está solo; ¿Uno se enamora de un sexo o de una personalidad?, ¿cómo es que alguien puede definirse como gay o heterosexual?, ¿se separan los amores que corresponden a la identificación sexual de los que no corresponden?, y si es así entonces ¿uno sólo puede sentir amor por un pene o por una vagina?, sí, claro: "Eres el pito de mi vida", "No puedo vivir sin tu pucha".
Claro que hay química en el amor, pero no es tan exacta como para definir de quién podemos o no podemos enamorarnos, lo que me recuerda que el otro día mirando el canal de NatGeo salió una mujer que aseguraba estar literalmente enamorada del muro de Berlín , y según ella el amor que sentía era tan verídico que le provocaba ganas de pasar una noche a solas con la emblemática pieza, cosa equiparable a lo que produce la química entre las personas. La cuestión es, si tuvieramos que definir la preferencia de esta mujer, cómo la llamaríamos, tal vez ¿"objetosexual"?, ¿"murofila"?, ¿pervertidora de monumentos?
La primitiva necesidad que tiene el hombre de llamar a las cosas de tal o cual manera lo ha llevado a hacer clasificaciones de todas las cosas existentes, de ahi que una y otra vez necesitemos dejar clara nuestra preferencia sexual, encasillandonos en si somos, no somos, o qué fingimos ser, dirían por ahí: "concha, caracol o piedra".
Se dice que en el amor no se manda y uno no puede decidir de quién se enamora o no. Y es que a quién le importa la moral o el respeto a las costumbres cuando la gran magia de este sentimiento es que nunca sabes en quién o en qué se posarán tus ojos, y no hay explicación para las vueltas de la vida y el corazón.
Yo no sé muchas cosas de la vida, pero creo que tengo claro algo, ser gay y sentir amor son cosas distintas; la homosexualidad viene a ser una identificación, un sentir intrapersonal, llamese me siento "mujer" o me siento "hombre", mientras el amor es un sentimiento de entrega, entregas tu alma, entregas tu vida y tu verdad, igual que la enamorada del muro de Berlín, Helga y Arnold, John y Yoko, Mickey y Mallory, tú y yo o el amor de nuestra vida a-m-o-r d-e n-u-e-s-t-r-a v-i-d-a.
En conclusión puedes estar enamorado de alguien o alguien, del sexo que sea, y no ser gay, o estarlo y serlo, o serlo y no estarlo. Al final qué más da, si concha, caracol o piedra todo lo que necesitas es amor, ¿o no?